En mis tiempos de adolescente y recién estrenada mi condición de adulto, cuando mis asociados de correrías nocturnas y yo carecíamos de liquidez, nos reuníamos en casa de alguno de nosotros con la idea de emborracharnos visionando pelis de terror que nunca nos daban terror y pasarlo bien. Esto, a bote pronto puede parecer de lo más incongruente, pero todas esas producciones de cine cuya intención es la de provocar desánimo, revoltijo de tripas y miedo, nos causaban un enorme disfrute. Así fue como visionemos y nos reímos con incontables películas del género de terror, gore, asiáticas y un sinfín de títulos que no recuerdo.
Sin embargo, hace ya cinco años que vimos "Murder set pieces" y todavía permanece imborrable y latente en nuestra memoria como si la hubiera visto ayer. Aparte de que realmente no nos causó puta gracia. El celuloide en cuestión es del género gore, con lo cual pensábamos que las risas estaban aseguradas, como ya nos había ocurrido con innumerables producciones de idéntica índole. El tal Nick Palumbo, director del metraje, a diferencia de otros directores del género, quiere provocar, molestar intensamente, jodernos el día y a buen seguro que lo consigue; además de que lo hace por la cara y sin esconderse.
La película en sí carece de una historia y mucho menos de una historia sólida. El argumento versa sobre un fotógrafo de éxito de descendencia alemana residente en Las Vegas, cuyos antepasados militaron en el nazismo. El tipo se somete a las pesas; no es una masa de músculos desarrollados pero está cachas, es atractivo y le es fácil acostarse con mujeres. Lo que nadie sabe es que es un depravado asesino en serie portaestandarte de la misoginia más salvaje y bestial que cabe imaginar. Tuvo una infancia muy jodida. La única que sospecha algo es la hermana pequeña de la novia del susodicho.
Así que de momento, ya sabemos que no estamos viendo ciencia ficción, sino que el argumento, quizás algo rebuscado, previsible e incluso poco serio para los más exigentes, se basa en una premisa totalmente creíble y dolorosamente real en nuestros días. Por otro lado, metrajes del mismo género son mucho más sangrientos, repulsivos y truculentos que lo que ofrece "Murder set pieces". Pero ahí radica el gran acierto del señor Palumbo: no en lo que cuenta, si no cómo lo cuenta.
Para empezar, en esta película no hay muertes exageradas que te harían reír de puro absurdo. Como tampoco es la típica exposición ridícula de órganos humanos extraídos de sus anatomías. Nick Palumbo va más allá de todo estereotipo y haciendo alusiones misóginas, racistas y antisemitas, expone con impecable y desalmado grafismo, angustiosas escenas de mutilación, desmembramiento, necrofilia, ahogamiento, tortura y todo un aquelarre púrpura de locura siempre desde una imponente carga estética. Todo bajo una acertada y estudiada atmosfera malsana, opresiva, delirante y absolutamente enfermiza.
Y en esas estamos: yo, que me despollo vivo con la saga de "Saw". Que bostecé viendo las dos partes de "Hostel". Que me aburrí con "Irreversible". Que me he carcajeado como nadie de montones de producciones gore, de miedo, de terror... Y recuerdo como "Murder set pieces" me hizo recuperar la sobriedad aquella noche en lugar de acrecentar mi embriaguez, me abrió de arriba abajo, extrajo mi educación, mi moral, mi apreciación sobre el bien y el mal, mis sentimientos y pisoteó todo hasta hacerlo añicos.
Con esta película no se disfruta, se sobrevive. Y yo os adoro demasiado, chicas.
Tags: Película, sensibilidad, sangre, jodienda.