lunes, 29 de septiembre de 2008
Hubo quien dijo que el conocimiento nos hará libres. No obstante, los habrá que piensen que es mejor vivir en la ignorancia y no enterarse de según qué cosas. Por mi parte, yo me niego rotundamente a vivir en el mundo sin preguntarme cómo y por qué pasa todo lo que veo desde que me levanto hasta que me acuesto, aun a riesgo de padecer enormes decepciones y hondos desengaños. Prefiero tener conocimiento sobre todo aquello que me rodea para así disponer de diferentes puntos de vista, numerosos caminos que tomar y varias opciones a elegir, y de ese modo optar por lo que me salga de las pelotas o lo que mejor se adapte a mis necesidades. Creo que es lo más aproximado a la libertad en esta enorme prisión de intereses creados en la que vivimos.

El ignorante voluntario está tan acostumbrado a tragar mierda en su proceso de adaptación al sistema en que nos movemos todos, que acaba por gustarle sin preguntarse por qué. Por el contrario, la antítesis del antes citado se pregunta a cada bocado el porqué de tanta mierda; de dónde viene y adónde conduce. Basta con leer entre líneas de vez en cuando, u observar a la gente detenidamente cuando te asomas al balcón o esperas delante de un semáforo en rojo. Lo sentirás como un condenado cosquilleo debajo de los pies; una incómoda opresión que atenaza el pecho; una molesta presión en la nuca.

Sentirás como los que manejan el cotarro asisten orgullosos, impasibles y cómplices al progresivo aborregamiento mutante de los habitantes de este bello planeta. Mira atentamente y te darás cuenta de que el ciudadano medio de a pie y todo buen hijo de vecino, parece ser que permanece anulado en estado vegetativo, víctima de algún extraño síndrome de actitud pasiva-conformista contraído por la metódica, tenaz y despiadada sobredosis de retransmisiones deportivas, programuchos aborrecibles y concursos casposos que han acabado con cualquier atisbo de resistencia o actividad neuronal.

Consideramos más importante el culto al coche, al móvil, al pc y veneramos la almohada cervical y la vanidad más primaria y elemental. Nos hemos convertido en una mansa y domada colectividad de hongos que sobrevive con el único y triste propósito de escrutarse el ombligo, limarse las uñas, hurgarse la napia, mirarse al espejo, roerse los padrastros o hacerse pajas. Nuestro enemigo es poderoso, inteligente, obstinado y sutil; y sigue y se dispone a cimentar con sólidos y férreos pilares, un mundo y una era de insoportable imbecilidad humana, mientras nosotros, con amarga resignación, poco o nada podemos hacer contra esta enorme y poderosa maquinaria.

Por eso mismo, no ceses de preguntar ni dejes de cuestionarlo todo. No pares de pensar, trata de conocer todo y más, que el conocimiento hace libres a las personas y yo así lo creo. Olvida los embustes y mentiras que de pequeño te hicieron tragar en el colegio, y sobretodo, por mucho que pese, reconoce, entiende y asume que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos.

Que ser feliz está muy bien, pero no a costa de la propia ignorancia, por muy cómoda que sea.

Tags: actualidad, ignorante, conocimiento

Publicado por antidogmas @ 1:45
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por zafferano
lunes, 29 de septiembre de 2008 | 23:13
Decía, que este mismo comentario lo hago ya a mis alumnos todos los años. Con otras palabras... Y aún así no me entienden! Juventud...¿tesoro? Enfurruñado Hasta que le di a reset y creo que se me borró...

Besos belleza!