Tengan cuidado, pues corre por este mundo tan singular e inseguro un ser parecido a Dexter. Ya saben, ese tarado anormal malfollado que ya de pequeño hasta el día de hoy siente la imperiosa necesidad de matar a los de su misma especie para sentirse vivo en un mundo sin emociones.
Les estoy hablando de Ulfulfio, que ni es un brillante forense como el enfermo antes citado ni mucho menos una especie de frío y metódico justiciero chalado que nos libra de aquellos psicópatas que burlan al sistema. Ulfulfio, lejos de todo eso, no es más que otro engranaje que plancha su trasero en una de las dependencias más poderosas del Estado: tesorería y seguridad social.
Sepan que en la actualidad, el modus operandi de Ulfulfio es algo confuso e impredecible. Lo mismo libera su instinto homicida toda una quincena seguida, como desaparece durante dos meses sin dejar rastro. Sin embargo, desde la primera escena del crimen hasta el día de hoy, el sello de tan despiadado asesino se ha convertido en genuino e inconfundible.
Por un lado, aparte de la asombrosa y variada brutalidad de los crímenes, Ulfulfio siempre mata a mujeres mayores de edad sin importar aspecto físico ni condición social, dejando un enigmático escrito en bonitos colores topacio y, extraño oigan, con caligrafía siempre cambiante que reza: "Soy Ulfulfio. Hay humo y me pesa la cabeza".
La misma extraña nota durante cuatro años en ciento ochenta cadáveres repartidos por todo el territorio nacional. Por supuesto, como deben imaginarse, la policía investigó a todos los "Ulfulfios" del país encontrando tan sólo a ocho diablos portadores de tan desafortunado nombre. Seis de ellos yacen en la tumba mientras que los dos restantes jamás fueron considerados sospechosos. Uno de ellos tiene seis años y cultiva su voz prodigiosa en la Escolanía de su barrio a la vez que es sodomizado; el otro, un basurero que recién alcanzó la ansiada jubilación hace diez años, dedica su vida a la colección de esporas, moho y hongos.
Como comprenderán ustedes, la primera parte de la investigación fue relativamente fácil, la segunda no tanto. Desde luego, y coincidirán conmigo, la nota me parece sumamente desconcertante, ¿se les ocurre alguna conexión o punto de partida respecto al contenido de la nota? Aparentemente, no lo hay.
Las mujeres aparecen siempre desnudas y horriblemente mutiladas. Unas veces, sentadas en su propia sangre con la cabeza decapitada entre las manos en medio de las piernas, con los índices clavados en los ojos y la dichosa nota introducida parcialmente en la boca. Otras, rebanadas total y limpiamente por la mitad, me refiero, y les ruego me perdonen por lo explícito, cortadas a lo largo y no a lo ancho, y entremedio del atroz descuartizamiento... la condenada nota. Y por último, ya que entiendo que no debo seguir, eran tres o cuatro las que aparecían sin vida, cogidas de la mano cercenada del antebrazo, así como las cabezas y extremidades recolocadas con delicadeza en los torsos que no correspondían. Como ya deben adivinar, también aparecía la nota en cada una de las muertas, introducida en la boca, vagina y ano.
Créanme, los investigadores han llegado a la conclusión de que se hallan tras las huellas de un misógino que practica el asesinato con escalofriante precisión, como si se tratara de un depravado arquitecto de bestialidades dantescas, con el inconveniente de que Ulfulfio no deja huellas. Así de simple. Ni un pelo... Ni una marca o mota de polvo...Ni tan siquiera una gota de sudor... Nada...
¿Por dónde íbamos? ¡Ah, sí! Discúlpenme, casi me olvidaba. Verán, la identificación de los cadáveres no es lo que se dice... ardua. Nuestro desalmado psicópata siempre deja la documentación de las víctimas en el macabro encuadre del crimen. Así, a las autoridades no les cuesta trabajo aunque sí tiempo en interrogatorios, descubrir que todas las mujeres sin vida reúnen una curiosa igualdad hermanándolas en tabla rasa: todas han sido infieles o cometido adulterio.
Los investigadores creen estar vislumbrando la luz al final de un túnel preñado de horrores y ambigüedades. Creen haber encontrado una conexión. A grandes rasgos, catalogan a Ulfulfio como un depravado asesino preso de una singular misoginia exacerbada que descarga únicamente contra mujeres que engañan a sus parejas. No sé ustedes, a mí eso me parece muy raro; yo me pregunto la edad que tendrá ahora o qué fue lo que ocurrió para que se volviera así.
En fin, qué más puedo decirles. Me encuentro algo cansado y creo que por hoy ya es suficiente. Quizás nunca sabrán quién es Ulfulfio como lo sé yo. Sí, y además, seguirán sin saber cuándo volverá a matar. ¿Saben qué? Tengo que hacerles una breve confesión: siempre que llego de mi trabajo me las encuentro en casa. A mi mujer y a mi hija. Están en la cocina preparando la comida... Fue el día que supe que... Y No dejan de mirarme. Llevan semanas mirándome. No parpadean; me miran tanto que me pesa la cabeza; y ese maldito olor ha quemado de la cocina... Pero yo no las maté ¿me oyen?
¡Yo no las maté!
Tags: asesinato