jueves, 23 de octubre de 2008

Hace un buen puñado de años de esto. Aquel chaval -PunKo lo llamábamos- pidió un quinto de cerveza. Éramos diez y a esas alturas de la noche a más de uno se le trababa la lengua y veía a la virgen vestida de cuero y cantando canciones sobre el infierno.

A Punko -como al resto de la cuadrilla- gustaba de salir los fines de semana a antros poco iluminados donde ponían la música muy alta. Bebíamos mucho, hablábamos de la propaganda que excretaba la tele y fumábamos porros. Todos los garitos a los que íbamos a dejarnos el dinero eran cutres y sus luces parpadeaban. Una vez -y creo que no lo imaginé- una mujer mayor se desplomó de repente estrellando sus narices contra el suelo  y no supimos qué coño hacer.

Aquella noche, el bareto estaba abarrotado de norte a sur. El que más, pidió una jarra de medio y el que menos pidió una mediana; Punko -aún no se sabe por qué, y como ya he mencionado- pidió un quinto.

El que servía -al que apodábamos gamba- probablemente iba más ebrio que el resto de la clientela y haciéndose oír con suprema claridad por encima de los acordes brutales de la música que vomitaban los altavoces, espetó: ¿un quinto? ¡Aquí ni quintos ni mierdas! ¡AQUÍ SE SIRVE BEBIDA PARA HOMBRES!

A más de uno se le atragantó el trago que en ese momento daba. Punko dijo: puta mierda, pues ponme un litro.

Nosotros y Punko gustábamos de beber cerveza de viernes a viernes, y aquella noche deglutió unos tres o cuatro litros. Puesto que no tenía costumbre, el bueno de Punko pilló una cogorza descomunal. De aquellas que llaman de órdago.


Tags: cogorza, borrachera, tajá.

Publicado por antidogmas @ 7:57
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Publicado por Zaffe
domingo, 26 de octubre de 2008 | 18:13
Pero pero... un quinto no es un soldadito? O sea, un hombre!

Jajajaja! Besos!Sonrisa