En la discoteca hay mujeres, chicas, putas, putones al cuadrado, chulos, drogadictos y gilipollas.
El portero tiene una mandíbula prominente que le confiere un ridículo aspecto simiesco. Normalmente, permite entrar a cambio de favores ilegales a sus colegas a tías buenas y camellos. No confundir la condición de garrulo del portero con discapacidad mental, éste es simplemente corto.
Justo detrás del antes mencionado está el segurata. Permanece tan inmóvil que casi parece que por sus venas de vigilante de la seguridad circule horchata por sangre. Suele ser un tipo que se excede en su trabajo y evidentemente conoce y pone en práctica kárate, yudo, taekwondo y a saber qué clase de técnicas de lucha orientales para infligir dolor, llevar a cabo roturas de huesos y dolorosas luxaciones musculares a algún iluso "pringao". Cuando no está dando galletones pulula atento vigilando el váter.
Si llevas chupa o abrigo para dejarlos en el guardarropa tendrás que dejar un pequeñísimo tributo pero la sala no se hace responsable de la pérdida o deterioro. Las camareras están todas muy buenas y deseables: buenas curvas, tetas turgentes, culos que invitan al vicio y cinturas de avispa, pero no te vas a comer nada, no necesitan nada de ti. Van más puestas que Sid Vicious en el día internacional de la cocaína para poder aguantar toda la ajetreada noche.
A las que menean su anatomía con lujuria las llaman gogós. No paran de contonearse y de realizar claros gestos provocadores ante multitud de tíos salidos con la mirada vidriosa. Se pegan una gran paliza a ritmo de bafle para algún día ser estrellas. Hoy lo has hecho muy bien cariño, ¿te acerco a casa? El disyóquey es el pinchadiscos, el gurú, el puto cura de la parroquia nocturna, está completamente al día de todas las infumables novedades discotequeras y no hace más que pincharlas una tras otra y lo que es ciertamente desconcertante, aparte de no hacer nada más, realmente nadie sabe lo que hace.
El camello está trabajando. Es un auténtico profesional, el suministrador de sensaciones artificiales tiene todo lo que creas necesitar. Y pese a que la música de mierda está reproduciéndose a un volumen brutal y la sientes hasta en las entrañas, toda la despreciable panda de drogatas, enganchados y "arrastraos" bailan patéticamente al son que él marca. Y según va la venta y la noche va subiendo los precios.
Si vas a la discoteca también verás al más fantástico, guapo, hábil y mejor bailarín. Se conoce todas las putas canciones mejor que la vida de sus hermanas, pero es un inculto musical, no distingue el canto del urogallo de los cantos del Tirol.
Mucho más alejado, tambaleándose cual decrépito está el baboso. Infecta su organismo con toda clase de basura variada y como se mete de todo, va más pasado de vueltas que la niña de la película del exorcista, y casual y lastimosamente topa contra las chicas allí presentes dejando resbalar sus sudorosas manos esqueléticas por las zonas más inconvenientes del cuerpo de las parroquianas.
¿Quién es el dueño del antro? Puede que hoy tampoco le veas. Es un señor importante y está haciendo tratos con empresarios poderosos para comprar a la policía a cambio de invertir un porcentaje.
En la discoteca hay gente con poco o nulo gusto.
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