Compañeros del despiporre y de la tercera juerga mundial, amigos del botellón todos: lamento informaros de que una vez más -para nuestro profundo pesar y desdicha- ha vuelto aquel al que un día llamaron puto troll y yo acerté a llamar la "gangrena".
Vuelve a ser otra vez una desgraciada realidad y convive entre nosotros anidando en forma de ridícula vida parasitaria, cuál molesta e infecta ladilla en blogs ajenos en vez de defecar en el suyo propio de estúpido nombre "conpaz" o algo así. Podía haber sido otra bitácora la mancillada por tan atrevida intromisión en un espacio que es único y exclusivo de otra persona, pero me ha tocado a mí tener que soportar tan insalubre presencia.
Así actúan e invaden estas molestas criaturas que necesitan de otras vidas para olvidar las suyas, tristes e inexistentes como tales. No odiemos ni rechacemos, no obstante, a la "gangrena", pues el infierno de quien es o fue toxicómano se apoderó de él y necesita que entre todos lo ayudemos para sentirse integrado en el mundo blog.
Quizá lo más acertado sería no estar escribiendo un texto sobre las sensaciones que me produce semejante híbrido, así como sus actos risibles y tontorrones, que cayeron en la más absoluta futilidad al intentar desprestigiar mi intachable imagen de irredento e iconoclasta "posteador". También lo intentó -sin conseguirlo- con cierta persona antes bloguera, pero como que jamás me atribuí tan a veces necesaria condición, permitidme que escriba esto, ya sea acertada o desacertadamente, mientras la mandíbula se me cae al suelo a causa de tantísimas carcajadas.
Tan rastrera y viscosa forma de vida parece ser por su manera de expresarse en la escritura, que ha sido criada en algún lugar de Latinoamérica. En cualquier caso, el mundo de la blogosfera se ha removido incómodo ante una herida abierta, sangra con alarmante profusión y está empezando a infectarse.
Entiéndase, que sea de Latinoamérica es simplemente una apreciación personal, importa tanto su nacionalidad como la reproducción de la anchoa, lo que sí importa es lo que ha hecho, y sólo por sus hediondos y divertidos actos, debiera ser gaseado de la blogosfera o proyectado a velocidad lumínica a la galaxia más lejana conocida.
Ya finalizando el escrito, mientras recojo la mandíbula del suelo, este menda solicita a su público que permanezcan en guardia.
Puede que ocurra algo sumamente divertido.