domingo, 23 de noviembre de 2008
Hace cosa de una semana que me deshice de mi cortacésped. Nunca lo puse en marcha ya que en mi piso no hay césped que cortar y necesitaba el espacio que ocupaba para colocar una estatua de travertino. Ha estado años encerrada a cal y canto desde que la terminé y hoy he decidido liberarla de su prisión y sacarla a la luz. Contemplarla por entero me traslada a tiempos y espacios casi olvidados. Mirar directamente a sus ojos pétreos me transporta a procesos y estados mentales que me cuesta comprender ahora. Tengo mi pasado en casa y me intranquiliza; me produce sensaciones difíciles de expresar en palabras. Necesito tiempo.

Es una reproducción surrealista y a mayor escala de El Pensador de Rodin. Tiene la cabeza abierta y dentro hay varias cosas: un tenedor de puntas romas, un libro del señor Alighieri, un pequeño candelabro de dos brazos, un CD de Hellbastard y ocho semillas de olmo. La postura -anatómica y no de costo- es similar a la original y las proporciones algo modificadas: los pies son grandes cual sasquatch y colocados al revés, intercambiados el derecho con el izquierdo. La sensación al mirarlos es un tanto ambigua y extraña. La nariz es enorme, aguileña y exagerada. Las rodillas carecen de rótulas puesto que están huecas y el pómulo derecho tiene un agujero similar a los que provocan el impacto de las balas. Del resto no hay nada remarcable salvo el ombligo, que se ha convertido en la cuenca de un ojo sin párpados, inexpresivo y sin vida.

Han transcurrido los días y la estatua quiere asustarme o volverme loco. El día después de sacarla de su largo encierro contemplé asombrado que su mano izquierda no descansaba lacia de su antebrazo, sino que me mostraba el dedo corazón. Entendí que el travertino me mandaba a tomar por culo porque no le había quitado el polvo después de tantos años de cautiverio, así que lo limpié hasta dejarlo inmaculado. Al día siguiente, no sin cierta reticencia, fui a mirar la estatua y se me encogió el forro testicular al ver que en la mano derecha sostenía en alto el cd de Hellbastard mientras que la otra la tenía con los dedos índice y corazón extendidos metidos en la boca. Enseguida adiviné que el travertino, sin abandonar su mirada pensativa, me estaba diciendo que el cd de Hellbastard era un verdadero asco, con lo cual lo sustituí por uno de los muertos de Cristo.

Otro día, ya cayendo la tarde, me lo encontré con la palma de la mano izquierda hacia arriba y descansando en ella el libro de Dante que le metí en la cabeza. La otra mano mostraba el pulgar en alto, por lo tanto, supuse que decidió leer el libro y que éste le gustaba. Hoy me despertó el grito de Doménica. Fue un grito corto, nada escandaloso, pero bastó para que abriera los ojos con gran sobresalto. Recuerdo que dormitamos unos minutos en el sofá después de follar y luego caí en la cuenta de que el condenado travertino de los cojones se había convertido en un espectador de lujo de todo lo acontecido. Cuando miré la estatua alcancé a decir: ¡coño! ¡La madre que me parió! El travertino tenía una sonrisa de oreja a oreja y una erección de caballo.

Lo más raro e incomprensible de todo es que yo nunca le esculpí un pene a la estatua y nunca más volvimos a ver semejante muestra de receptividad sexual. Si nos daba por follar en el comedor le cubríamos la cabeza con una careta de Spiderman y asunto arreglado. Con el tiempo y a fuerza de costumbre hemos aprendido a vivir con tan peculiar escultura. Sigue adaptando -dependiendo del caso-  toda una gama de gestos y poses, como diciéndonos que bajemos las persianas, disminuyamos el volumen de la música, subamos la temperatura de la calefacción, etc.

Así que ocupa un espacio privilegiado en casa; con la luz cenital adecuada que dibuja sus sombras caprichosamente. Esa misma luz iluminó durante muchas tardes el cortacésped de color rojo ahora olvidado, dándole un aire industrial, mecánico y muy metálico. Con el cambio, me planteé el cambiar esa luz, pero ahora me gusta.

La misma luz destacando dos objetos diametralmente opuestos. Y además, el cortacésped nunca dio señales de vida.

Tags: Gestos, posturas, escultura, estatua, travertino.

Publicado por antidogmas @ 18:14
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Comentarios
Publicado por Igrein
lunes, 24 de noviembre de 2008 | 18:23
...

Jodo... y a mi que me ha dado miedo... anda que yo voy a echar un polvete con el colega mirando... si...

Así que no eras tu el de "wapa"? Cachis... ya decía yo...

Bueno, me piro a casa... a ver si hoy puedo dormir, o voy a soñar con tu estatua...

Besotes!!!
Publicado por antidogmas
martes, 25 de noviembre de 2008 | 11:17
No alcanzo a comprender porqué dicen "wapa" y no "guapa" si a fin de cuentas cuesta el mismo trabajo, estando mal escrito lo primero y lo segundo no. Es más, el que comete faltas de ortografía porque no pudo recibir el conocimiento necesario para no hacerlo, se puede disculpar; el que posee ése conocimiento y sin embargo escribe mal adrede, debiera acaecerle males inenarrables y sufrir más que el Santo Job, y finalmente ser engullido en extrema agonía por su propia desidia; que una cosa es que te dejes una tilde y otra muy distinta escribir guapa con "w". ¡Habráse visto tamaña imbecilidad! De todas maneras, guapa eres, que te he vi en una "afoto" en tu blog, digo foto.
Publicado por Zaffe
martes, 25 de noviembre de 2008 | 20:18
Vaya Anti! Y no te apetece regalarle la Venus de Milo para que no se desconsuele tanto?

Un besote!invasor