domingo, 28 de diciembre de 2008
El síndrome del cretinista es real, palpable y muy preocupante. Afecta a un porcentaje altísimo de la población mundial y suele manifestarse con notable virulencia en personas que dicen ser católicas, cristianas, dogmáticas y creyentes en definitiva. Algunas de ellas rezan a un ser que nadie ha visto, otras, en cierta semana de cierto mes, se autoflagelan la espalda con lastimosa devoción o cargan sobre su hombro con una pesada cruz de madera para incomprensible admiración de los imbéciles que miran.

Este síndrome consiste básicamente y a grandes rasgos en creerse estar más arriba de donde realmente se está. Demasiado a menudo, tan arriba, que el oxígeno que llega al deteriorado cerebro del afectado es insuficiente para que éste reaccione normalmente ante temas de fuerte sensibilidad y carga social. Como pueden ser: el matrimonio, la familia, la eutanasia y la condición sexual del individuo. Lo que les lleva a vomitar las más risibles, descabelladas y despreciables sentencias. Autoerigiéndose sin despeinarse y a veces de forma subliminal, en portaestandartes de la verdad en cualquier trifulca o tema donde osen meter los hocicos.

El afectado suele sentirse capacitado para aleccionar a todo cristo y a todo dios, y siempre tiene cretinistas a su alrededor que lo respaldarán, haciendo gala de un fuerte a la vez que enternecedor sentido gremial de unión y protección. El guía y representante terrenal de los cretinistas es engranaje fundamental de la mayor empresa conocida del globo terráqueo. Cuando anuncia que se mostrará en algún lugar del mundo, lo hace cubierto de inmaculados ropajes blancos y provoca espectaculares y tristes congregaciones de cretinistas en masa, creyéndose para sus adentros en poseedor de la razón absoluta.

No siente la más mínima vergüenza cuando se aprovecha de la evidente ignorancia de los que han ido a perder su tiempo en ir a adorar sus oratorias. No sólo se siente superior en temas de alto calado humano, sino que su superioridad le lleva a tener respuestas para todo; la mayoría de veces, argumentadas en el pantanoso y delicado terreno de la fe.

El afectado por el síndrome del cretinista, a menudo padece una obsesión por todo aquello que perturbe ligeramente su universo o modo de vida. Dicha obsesión lleva irremediablemente al afectado al desmadre mental, asignándole aquel que los ha conocido y no sin cierta alarma, desproporcionados niveles intelectuales de monstruo, o tener antepasados extravagantes y excéntricos en los más recónditos e inusuales lugares.

Algunos cretinistas tienen el síndrome fuertemente afianzado en su organismo, lo cual les lleva a vestirse con sotanas de color negro. Se les puede reconocer también por la condenada característica de catalogar como indeseable, y propagarlo a los cuatro vientos, al que le discute sus supuestas capacidades o derrumba sus débiles argumentos de naftalina y mierda seca, o al que le hace sentirse inferior. No tiene ningún reparo en usar sistemas de desprestigio a escondidas o en público contra el homosexual y la lesbiana.

De todas formas, tengamos esperanza y recordemos que el mundo se pudo librar de la santa inquisición. Tampoco perdamos cuidado: el síndrome del cretinista es primigenio y pegajoso; la única defensa posible son toneladas de paciencia y la insonorización.

Tags: dogmático, cristiano, católico, creyente, religión.

Publicado por antidogmas @ 22:50
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Comentarios
Publicado por Al calor de la lumbre
lunes, 29 de diciembre de 2008 | 19:23
El síndrome del cretinista debía estar presente en algunos de los que fueron a la manifestación por " la familia".
Otros seguramente, irían de buena "fe".
Y yo me cuestiono; ¿Por qué la fe no puede ir hermanada con el razocicinio?
Quizás por eso, algunos seguimos siendo hombres de poca fe.

Qué tengas un año magnífico. Pero no tanto como para que dejes de deleitarnos con tus escritos...
Un abrazo
Publicado por Zaffe
martes, 30 de diciembre de 2008 | 14:54
Pues sinceramente, no sabes cuánto me preocupa descubrir que haya tan gran número de afectados, sobre todo en gente joven...
Menos mal que existe gente como tú!

Un besote!loco