Tanto si eres un inútil votante como una votante inútil, desecha de una vez el necio pensamiento de que los que cada cuatro años gestionan nuestros supuestos intereses (o los suyos) van a ofrecerte una remuneración económica por ser ama o amo de casa. Es importante que lo entiendas bien: el gran hermano no deja de vigilarte y sigue manejando los hilos a su antojo, sobretodo los del dinero, ese sagrado timonel de tu destino y tu suerte.
Lavar los platos, quitar el polvo, cocinar, barrer, fregar, hacer la colada, tender la ropa, planchar... en definitiva: tener tu hogar decente, limpio y no semejante a una apestosa pocilga de garrulos, no cotiza en la seguridad social si lo haces para ti mismo o para la familia. A ver si os enteráis de una puta vez. Tú, sufridor amo de casa, y tú, ama de casa abnegada: ha llegado el momento de que bajéis de la nube o que cambiéis de camello. Si todavía creéis que algún gobierno del mundo occidental -sí, eso que llaman mundo libre, salvo que hables del rey y de sus abominables antepasados y descendencia desfaenada- os pagará por realizar todas aquellas labores que nunca deben dejar de hacerse por higiene y amor propio, es que sufrís de ablepsia.
Sólo serán recompensados con pasta aquellos trabajos de los cuales los gobernantes se aprovechan (a devolver o a ingresar). Así como también es cierto que los mandatarios del país gustarían de que cuando te queden uno o dos segundos para jubilarte te sobrevenga la muerte súbita y te hospedes al lado de los cipreses.
Al estado le importa cuatro pares de mierdas si tienes la casa como una sagrada patena o como una persona afectada del síndrome de Diógenes.
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