lunes, 02 de febrero de 2009
En mis tiempos de colegial, el maestro, con la mejor de las intenciones, sentaba a los alumnos repetidores junto a los estudiosos de la clase. Los profesores creían que el alumno aventajado contagiaría su buen hacer al torpe, pero acababa siendo un acto infructuoso. Por el contrario, el alumno aplicado se transformaba lentamente hasta adquirir la actitud asnina de su compañero de pupitre.

Los estultos adultos, pese a ser difícilmente reconocibles cuando están callados, son cuantiosos como una plaga de langostas, y la culpa no es de los pacientes maestros que gastaron enormes esfuerzos en enriquecer sus seseras y desviarlos del camino fácil de la necedad. La existencia del estulto voluntario es molesta cual mota de polvo en la retina, además de que pasean su necedad vestida de gran soberbia.

Los estultos no sólo no desean aprender con humildad, sino que se regodean en su ignorancia cual gorrinos en sus heces. Muchos de ellos (qué desgracia) se otorgan el derecho a opinar, siempre categóricamente, sobre cualquier tema que se les plantee. Los mentecatos y necios soberbios, te explican locuaces, cómo se realiza una operación a corazón abierto o el porqué de la formación de los agujeros negros.

Es para que te estallen las pelotas. A mí no se me ocurre -ni en mis peores días de alcohol- hablar o escribir sobre lo que desconozco, más que nada por dignidad y miedo al ridículo atroz. Pero, del mismo modo que reconozco mis carencias e intento solventarlas, también afirmo mis puntos fuertes, sobre todo cuando guardan relación con las disciplinas en las que me han educado y formado.

Por eso no consiento que ningún anormal defensor del arte pretenda aleccionarme sobre éste, ni sobre lo que es bueno y lo que es malo. Los defensores del arte o críticos parten de razonamientos débiles. En el transcurrir de la historia nunca quedó del todo claro qué es el arte; sus límites siempre fueron brumosos, pero desde que el francés Marcel D. estampó su firma en el meadero somos incapaces de darle un sentido entendible o una definición que agrade a todos.

Semejante hecho -a todas luces ridículo- enfrenta la indefensión contra los incrédulos y quienes tienden a discutirlo todo (entre los que me cuento). Una persona formada en la lógica y la ciencia puede demostrar empíricamente la veracidad de sus argumentos, por lo tanto, tiene definiciones a las que aferrarse. Un crítico de arte carece de esos férreos puntos de apoyo. Su única defensa objetiva (a menudo débil) es la técnica.

Una obra literaria, pictórica, cinematográfica, arquitectónica, etc., puede estar bien finalizada o ser un bodrio. Más allá de la correcta utilización de las herramientas, el arte anega el íntimo y delicado terreno de las emociones. Y es en esta intimidad, celosamente inviolable para todo aquel que la tenga, donde nace la consabida: "pues a mí me gusta (o no)... Sobre gustos no hay nada escrito".

¡A ver qué coño responde el defensor del arte ante tan aplastante aseveración! Es muy difícil, por no decir imposible, hacer razonar a esos tipejos. Tienen respuestas tópicas a la vez que imbéciles para todo. Cuando por fin, aburridos -tú y ellos- de no entender de qué les hablas y echando por tierra sus endebles argumentos de naftalina, parecen claudicar un tanto dejando caer aquello de: "pues no será bueno ese cuadro, pero por lo menos es una creación original".

¡Pero qué coño original! ¡Por las putas de Aviñón! Para empezar, como dijo un profe de antropología: " creativo y original sólo es Dios (o la naturaleza), el resto, nos guste o no, somos recreativos". Y Hacedores aparte, es cierto. Funcionamos a base de añadidos, de conocimiento adquirido y pequeñas aportaciones. Tenemos la capacidad de crear, pero siempre será una copia o una repetición -no por ello evidente- de algo que ya existía antes, hasta llegar al principio de todos los tiempos.


El arte, tal y como nos lo han vendido aquellos que de él se lucran no existe y la mierda hace multitud de años que está inventada.

Tags: Cuadros, museos, pintor.

Publicado por antidogmas @ 3:40
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Comentarios
Publicado por Desfaenado
lunes, 02 de febrero de 2009 | 17:01
Pues a mí me pasa justamente lo contrario, mientras más sé de una cosa, menos puedo afirmar de ella, solo puedo decir que depende del resto de variables.

Y del arte si que podemos afirmar con rotundidad, que es morirse de frío.

Un saludo
Publicado por perroflaco
lunes, 02 de febrero de 2009 | 17:03
se me ha olvidao firmar el anterior mensaje.
Publicado por antidogmas
lunes, 02 de febrero de 2009 | 21:06
Y no sólo morirse de frío como bien dices, perro. También morirse de hambre, e incluso de asco.
Publicado por perroflaco
martes, 03 de febrero de 2009 | 17:31
me refería a helarte, con h.
Publicado por Xandra
viernes, 06 de febrero de 2009 | 1:05
A mí lo que me pasa con el arte es que, mayormente, me parece un soberano coñazo, un petardeo, un inventazo para alimentar el parasitismo. No he conocido artista que hable de arte, cague sentencias o intente imponer una opinión al respecto, pero sí mucho imbécil con pretensiones intelectualoides dándoselas de artista.