Al día de hoy, no acierto a comprender del todo como es que accedí a la invitación de escribir un par de memes cuando decidí publicar en un blog (allá por el 2006). La palabra meme suena estúpida en los labios, y realizarlos, todavía más. Esto me lleva a pensar, que la estupidez se apoderó de mí e hizo estragos, y que los memes los gestaron personas memas de genes lentos que regentaban blogs anodinos, donde acontecían menos visitas que conciertos de rock en El Valle de los Caídos.
Aparte de los vaporosos efluvios que pueden llegar a despedir dos pies bañados en abundante sudor que jamás tocaron agua jabonosa, no existe nada tan insoportable como la virulenta invasión de los memes en la red, propagando su infección masiva a todo blog expuesto, y creando metástasis hasta, el ya de por sí, maltrecho cerebro del bloguero que osa realizarlos.
Memes hay de todas clases, pero apenas hay alguno que no valga para mandar a su creador a tomar por culo y mucho menos para limpiar el cagadero. La mayoría son chorradas mermantes y banalidades del tipo: ¿cuál es tu promedio de pajas durante el día? ¿Le harías vudú al caniche del vecino si se caga en la entrada de tu casa? ¿Se te ha ocurrido alguna vez oler tu propio vómito? ¿Le meterías dos navajazos a tu mejor amiga por robarte el novio? ¿Alguna vez te metiste el dedo por el orto y lo sacaste inmaculado? ¿Embotellas tus pedos al vacío o los respiras? ¿Cómo te sentirías si descubres que tu hermanita esnifa pegamento?
Los memos, incapaces de entretener y lejos de ser ocurrentes y mínimamente originales, recurren al lodazal pútrido de los memes en un intento de conseguir visitas y comentarios, aparte de que dirán que es un medio ameno y divertido para conocerse los blogueros entre sí. ¡La madre que parió al pato negro! Si lo que queréis es conoceros de veras, os agregáis en el msn y organizáis un encuentro para veros la jeta, porque, en función del meme, no hay más que mentiras y verdades a medias, no se conoce a nadie, y tan sólo sirven para evidenciar quién de los memos participantes resulta ser más palurdo, anormal o gilipollas.
Decidí en mis comienzos y por dos veces, continuar con la cadena de los memes, pero no habrá más, lo cual -por otro lado- no me hace menos idiota que los que continúan escribiéndolos -o sí-. Ya superé aquella intoxicación: gané a la enfermedad, logré desinfectar mi cerebro, deseché la verborrea fláccida y el detritus propio de los memes y mi blog renació.
Estoy curado y libre de virus de memes memos de memos, por lo que saldré al encuentro de alguna licorería para agotar sus existencias y así celebrarlo.
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