Sin detenerme un solo instante, fui viajando por diversas latitudes de este pequeño gran mundo, confundiéndome con el paisaje: los mismos cuadros, los mismos colores, las mismas acuarelas nacidas de trazos dispares. Y como acompañante, un lastre llamado decepción: sensación que soportaba estoico y arrastraba, cansino, de un escenario a otro escenario.
De la decepción, he pasado a ser víctima propiciatoria del desarraigo: sin lazos, sin ataduras, sin afectividad; despojándome de toda empatía si es que alguna vez la tuve. Ahora soy como vosotros. Sólo yo, sin sentimientos. Y estoy aquí, en esta tierra desigual.
Qué lugar de enormes contrastes la red. Refugio de larvas, lombrices, babosas, alimañas, reptiles, seres vacuos, sin alma, sin pulso. Celoso escondrijo del anonimato, de la vanidad, de la soberbia, del cobarde y madriguera inmunda de ratas, carroñeros y cucarachas. Territorio infecto de arenas movedizas donde la mentira es el alimento podrido del cual se nutren las más extravagantes criaturas de este diverso ecosistema.
Aguas turbias donde zozobran falacias; quimeras de vidas insulsas que han de decorar con torpe imaginación. Las regurgitan para retroalimentarse y al final se convierten en sus realidades. Dejaron de distinguir su propia vida de aquella ficticia que crearon, aplastados por el peso de los personajes que decían ser y no eran.
Forcejean con uñas y dientes intentando convencer de sus mentiras a quienes se dieron cuenta de su condición de seres inertes. Lloran, gimotean, gritan, patalean, en un intento detestable de manipular un corazón confiado para sus deseos. Queriendo ser escuchados, atendidos, venerados, con un único deseo vivo, latente: ser amados.
Y finalmente, al contemplarlos con la imperturbable indiferencia del tiempo, sólo transmiten una profunda aflicción, al observar que sólo son seres errantes, ilusorios, solitarios; alientos fantasmagóricos de una vida que anhelan y que jamás disfrutarán. Vuestro momento, como vuestra ficción en la red, siempre fue fugaz. Llevaré flores marchitas a vuestra tumba.
Y serán tan virtuales como lo fueron vuestras tristes vidas.
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