Tenemos derecho a saber, a estar informados de lo que ocurre en esta suciedad -perdón- sociedad; ¿sino por qué existen los programas radiados por ondas, los telediarios y los periódicos?
La libertad de información parece que está manejada por cuatro manos exclusivas: periodistas sin escrúpulos con la mano larga y la pluma afilada; pandilla de sicarios de las letras y las palabras; poseedores de programas de radio, para poder así formar una realidad tergiversada y esparcir su venenosa demagogia a través de las ondas. Mientras, el oído colectivo del populacho, adormecido e idiotizado, se traga sin más, sin masticar y con embudo.
Si quieres estar debidamente informado tienes que poner la televisión, donde podrás empaparte de un buen puñado de cadenas donde la misma noticia te la ofrecerán en distintas versiones. Claro está, las cadenas televisivas se prostituyen para los partidos políticos, indistintamente de la ideología política de éstos. Los mafiosos de la pluma te sirven en bandeja una desproporcionada cantidad de zafieces acorde con tus creencias y convicciones. Además, créetelo, algunos perros de prensa son tan hábiles en sus escritos y en sus oratorias radiofónicas, que influirán en la débil mente de todo plebeyo que se manifieste en las urnas. Convierten en deidad al más indeseable y pringado, y hunden en la más absoluta miseria a quien le toca los cojones. ¡Viva la fiesta!
Los que, disimulándolo, pero no engañan a nadie, (a nadie que tenga un pequeño atisbo de actividad neuronal) les rinden pleitesía, son aún peor. Mientras les sigas comiendo la zurraspa del culo y no los contradigas, seguirás siendo primera plana y ocupando portadas. Se trata de ir ofreciéndoles carroña para que puedan comer y seguir esparciendo detritus y ponzoña por las ondas y por los cables.
Si eres un memo capullo con menos cerebro que un cactus, aceptarás lo que ellos te digan: a quién tienes que odiar, a quién tienes que adorar, a quién tienes que parecerte, a quién tienes que votar... Por algo son los del cuarto poder. Pero la cosa no acaba ahí: la tele-prensa es intragable e indigesta para el que ve con los dos ojos y no con el del culo. Paso de tragarme los refritos informativos, ya sea por sistema digital o analógico, para evitar el riesgo de convertirme en esclavo engañado, tontorrón, sometido y saturado, o llegará el momento que creeré que verdad y mentira son una misma cosa.
Mejor me pongo a leer la sección de necrológicas y no el detestable mamoneo fecal, burdo y canijo que se llevan la prensa amarilla,la rosa, y la que no tiene color. Que bien podría ser el color de la diarrea más intensa y prolongada. Que todos los poderes son malos, del primero al cuarto y los que siguen; manejados secretamente por los que llevan toga, corbata, gorra militar y pluma; y que ya no me sedan más con sus primicias y su verborrea fláccida. Que no me compro ningún periódico por muchos suplementos de mierda que regalen los domingos.
Y como decía aquel gran grupo musical (TDK) ahora olvidado: "sigue apoltronado en tu cómodo sillón. Sigue convencido de que tienes opinión, mientras no te enteras de lo que pasa a tu alrededor...".
¡Qué guay! ¿No?
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