lunes, 20 de abril de 2009
Algo un tanto curioso está ocurriendo. Por ejemplo: Eustodia asegura que cuando sale a la calle y se da cuenta de que olvidó el móvil en casa, como por arte de alguna siniestra maldición, siente su corazón como indomable caballo desbocado, incontrolables espasmos en los glúteos, le castañetean los dientes y se le crispan los dedos de las manos y pies.

Mientras decide si desandar sus pasos para recoger el fruto de sus reacciones, intenta convencerse así misma de que está volviendo a padecer  otro episodio de dependencia. Sin embargo, a cada minuto transcurrido, se siente insegura y desvalida. Según ella, es una fuerte sensación de desprotección similar a la de estar paseando por las Ramblas en hora punta con el coño al aire.

Eustodia, no obstante, para no dar crédito a su evidente condición de bicho raro, afirma con rotundidad que a todas sus amigas les acontece exactamente lo mismo. Sobre todo a Glafida e Indilina, que aparte de su virginidad, perdieron sus móviles en una desenfrenada "rave" ilegal, y lloraron y moquearon desconsoladas durante tres semanas, hasta el extremo de que hubo que sedarlas con urgencia e ingresarlas en un centro especializado. Pero es normal y debemos mostrar comprensión: a según qué edades, cuesta discernir la importancia de la finitud de la vida de un ser querido y la de un móvil.

El caso de Fredesvindo, lejos de quedarse a la zaga, es sumamente desconcertante. Asevera que dormir le sienta muy mal. Dice que todas las madrugadas se acuesta ebrio, con una felicidad incomparable y en la gloria. Y despierta con la sensación de estar unido a un cuerpo que no es el suyo. Le tiemblan las extremidades sin control alguno y nota su cabeza como una batidora colosal deshaciéndole el córtex cerebral.

Si se le ocurre exponerse a cualquier tipo de luz, siente que sus ojos van a estallar de intolerancia y tiene que cerrarlos de inmediato. Cualquier sonido apenas audible es un clavo incandescente horadándole el tímpano. La mayoría de las veces, incluso vomita sin haber ingerido nada durante horas, y le consume el imperioso deseo de volver a colocarse en posición horizontal en la más absoluta de las oscuridades.

Mientras sufre tales dolencias, jura vislumbrar en la noche de su habitación, los cuerpos de Enarino y Enasino: sus viejos amigos de correrías nocturnas hace meses fallecidos por cirrosis. Siempre interrumpen su eterno descanso y se levantan de sus ataúdes para animarlo en esos momentos tan duros. Y como a él, a ellos también les sentaba muy mal dormir. Por lo que Fredesvindo cree firmemente que acabará sus días como sus amigos de ultratumba: convirtiéndose en una extravagante variedad de vampiro.

Algo intranquilizador está pasando. Creo que puede llegar a ser un problema serio del cual el gremio médico no se preocupa como debiera. Los vampiros hacen que se me encoja el forro testicular y mi esfínter se distiende pensando en las personas que creen que sus móviles son más importantes que el hecho de seguir vivos.

Tags: Móviles, reacciones, comportamientos, ebrio.

Publicado por antidogmas @ 0:54
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Comentarios
Publicado por Igrein
lunes, 20 de abril de 2009 | 17:06
Eh!!! Poca coña... en casa hemos puesto la norma de que al entrar por la puerta los móviles apagados y guardados, porque si ya estamos juntos no son necesarios (es por la Peque, lo utiliza por si va sola por la calle y necesita algo, y en casa está el fijo). Ella lo entiende, pero hay niñas en su clase con verdaderos problemas... y tienen 11-12 años...

Un beso!
Publicado por serendipiando
lunes, 20 de abril de 2009 | 22:34
Lo mío con el móvil es un síndrome:
fui de efecto retardado en su adquisición( un día que el coche me dejó tirada y los camioneros pensaron que estaba echando unas horitas...), pero desde entonces, tengo una relación de dependencia - amor - odio.
Por un lado, con él creo que controlo a mi descendente que atraviesa la edad prohibida(ja, cuando le parece oportuno lo apaga, y como ya no sabe la hora qué es..se cree que está en Canarias y aparece una hora después).
Por otro, celosa como siempre de mi intimidad, tengo acostumbrados a mis ocasionales( casi siempre de uno en uno, y digo ocasionales por lo poco que me dura el encanto o lo pronto que los desencanto a ellos, no por su abundancia) a que me manden mensajitos, si alguna vez tienen que decir algo importante( para mentir, mejor en persona) y así me evito pasar horas interminables colgada de un auricular.
También me sirve para no descolgar el fijo( si casi nunca es para mí, y bastantes paseos doy ya) con la complaciente confianza
Publicado por Serendipiando
lunes, 20 de abril de 2009 | 22:38
...(y sigo) que me llamaran al móvil si es algo importante.
Pero también ocurre que tengo complejo de funeraria, 24 horas al servicio de cualquiera que tenga mi número, independientemente de estar donde esté y con la inquietud de no saber a quién pertenece esa llamada perdida, cuyo número desconozco.
En fin, un rollo, tan grande como mis dos comentarios.
Qué bien te expresas chiquillo. Qué buenos maestros de lengua tuviste que tener. Alumnos tan aplicados como tú quisiera yo todos los días.
Odio móviles...aunque se pueden decir cosas tan bonitas en un mensaje...
Un abrazo, tan largo como mis comentarios.
Publicado por antidogmas
martes, 21 de abril de 2009 | 12:35
Yo también tengo móvil y aquellos que me conocen dicen que soy un rácano, ya que apenas llamo y envío mensajes. Aunque me ha sacado de más de un apuro. Y por cierto, ¿El pobre Fredesvindo no os ha conmovido?Flash
Publicado por Serendipiando
martes, 21 de abril de 2009 | 18:39
A mí, más que conmoverme me ha recordado a personas que he conocido.
Y a veces, a parte de mí.
Todos somos un poco suicidas.
El enigma es el camino que escogemos.
un abrazo