Finales de septiembre del 2006, la Costa Brava.
Querida Doménica Cazarnosa, como que no encuentro manera de comunicarme contigo a través del móvil que siempre tienes descargado o fuera de cobertura, me veo en la urgencia de enviarte esta carta a la dirección de correo de tu pc. Ya que sé que lo tienes siempre arrancado, con los ventiladores girando las 24 horas del día para refrigerar los componentes electrónicos que deben de estar más castigados que un toro de lidia en la fiesta nazi-onal.
Me encuentro en un ricón en penumbras, con mi portátil entre cascos de cerveza ya vacíos, en el interior de un lúgubre bareto de moteros que van rapados. Llevan barbas hasta el esternón y portan visibles, tatuajes que parecen sacados de la mente enferma y torturada de quien ha visto "La matanza de Texas" tantas veces que saca a la mujer de la cama para poner en su lugar a la motosierra del garaje. Como ya sabes, el mejor amigo que tenemos en común, el Doctor Trauman Pollotein, decidió insonorizarse harto de tener que vivir sometido bajo la opresión de un código humano social-civilizado que lo único que conseguía era provocarle urticarias y largas y agónicas diarreas.
Para llevar a cabo tal desintoxicación de lo social, emprendió un viaje a las tupidas y frondosas selvas Amazónicas parar volver a reencontrarse, por segunda vez en su ajetreada vida, con sus amigos los jíbaros y la tribu de los Enawene. Dijo que regresaría de su periplo viajero la primera semana de septiembre, y faltan tres días para acabar dicho mes, por lo tanto, me veo en la acuciante necesidad de salir a su encuentro pues me invade el negro pensamiento de que algo de suma gravedad le ha ocurrido.
Doménica, sabes que él haría lo mismo por mí, y ahora también sabes el porqué de mis estados febriles, que como te decía una y otra vez, no se debían a la ingestión masiva de alucinógenos. Te pido, por favor, aun sabiendo que no te va a gustar, que en mi ausencia, seas tú la que cuides el crecimiento de los cactus de peyote que se trajo Trauman de las llanuras de México así como sus pequeñas plantaciones de marihuana que tiene en su terreno.
No sé el tiempo que estaré fuera; no hace falta que limpies mi piso, pero si querría que una vez al día le quites el polvo a mi colección de CD de anthrax, slayer y que cuides como agua de mayo mis vinilos de ostiaputa, MCD (me cago en dios), piorreah, putakaska y Los muertos de Cristo.
Por último, y lo más difícil para mí... Cómo te lo diría, Doménica, me siento sabedor de que eres muy activa sexualmente por lo que no te sientas culpable de abrirte solícita y lujuriosa a otras pollas mientras yo busco a Pollotein. Entiendo que puedas tener telarañas en tu móvil, pero de ninguna manera en tu coño. Si por el contrario, decides respetar lo que yo siento por ti y tus dedos están doloridos de hacerse pajas, puedes pedirle a la vecina del tercero su consolador (sí, esa que tiene la cara llena de piercings). Te lo dejará porque me debe favores, no sexuales eh.
Parto dentro de dos días. Apuro mi octava cerveza.
Te quiero Doménica. Volveremos: Trauman Pollotein y yo.
Antidogmático.