jueves, 04 de junio de 2009
En este preciso instante hago mío el púlpito rojo chillón de los jactanciosos, de los que nunca nadie quiere escuchar. Comparezco insolente ante un vulgo extenso como el cosmos mascando un chicle de fresa ácida; y es que tengo algo que anunciar. Las palabras se atropellan congestionándome la boca y es el momento de dejarlas fluir. Me dirijo a vosotros, sí, en plural, porque tristemente sois más de uno. Sois varios. Sois cientos. Sois miles. Sois varios cientos de miles, y esta vez, mi lengua negra se anudará a vuestros corazones hasta atenazarlos y mi paladar pútrido abrasará vuestras lastimeras almas traslúcidas.

Ahora es el día y hoy el momento. Mi mensaje, como el de los grandes genios injustamente incomprendidos, no perecerá allí donde no es necesario ni requerido. Haréis vuestra mi prosa y la amaréis hasta que se convierta en despiadada damnación, y os sofocaréis en ella en lento e inexorable martirio. Y esa será mi recompensa y el tributo ofrecido a todos los putos dioses de la jodida razón incognoscible, ya que se hace lid ardua la de tratar de esclarecer con acierto la enmarañada mente del necio.

Porque eso es lo que sois. Sois unos necios malnacidos hijos de mil zorras cadavéricas. Sois fantasmagóricas vidas bastardas que provocáis en mí la más hercúlea y florida de las inquinas. Poseéis la virtud innata de que mi sangre se torne efervescente veneno corrosivo, hasta el punto de hacerme rezumar por cada ardiente poro de mi piel el odio más atroz y descarnado que vuestros miserables cerebros puedan llegar siquiera a suponer.

Si tuviera poder, a todos y cada uno de vosotros, os arrancaría vuestra estúpida cara de mastuerzos tirando de la barbilla hacia arriba como quien se despoja de un pasamontañas. Miccionaría y defecaría en vuestros sangrantes semblantes arrancados y los arrojaría con desprecio a un puñado de cerdos hambrientos. Y mientras los cerdos, cuyo derecho a la vida es infinitamente superior al vuestro, se dan un merecido festín con vuestros malolientes despojos desfigurados, yo me correría jubiloso la gran tercera juerga mundial.

Porque os lo merecéis. Os lo habéis ganado a pulso, a conciencia. Porque puedo aguantar la escucha ininterrumpida de todos los laxantes cds de operación triunfo. Puedo leer El Quijote al revés y sentir un amor repentino por la zoofilia. Pero de ningún modo puedo reunir fuerza y entereza para sobreponerme al transformismo visceral que se adueña de mis entrañas cada vez que os desplazáis con vuestros vehículos y no utilizáis los intermitentes.

Así pues, expectoro el chicle de fresa ácida como escupiría a todos vuestros antepasados y familiares muertos, sabedor de que mi facundia ha sido recibida y asimilada por un público enterado. Sin más que añadir, despreciable caterva de tullidos y minusválidos mentales: ojalá que os engulla carente de toda misericordia, el más oscuro, frío e insondable de los abismos para luego vomitaros como carroña que sois al impasible firmamento hasta eclipsar el sol.

Tags: Intermitente, coche, conciencia.

Publicado por antidogmas @ 0:01
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Comentarios
Publicado por Explo
jueves, 04 de junio de 2009 | 11:44
Madre mia... parece q alguien ha tenido un accidente...
Publicado por antidogmas
jueves, 04 de junio de 2009 | 12:15
Qué va explo, pero apunto he estado de tenerlos, y siempre te hacen jugar a las adivinanzas: para dónde coño van a girar.
Publicado por Explo
jueves, 04 de junio de 2009 | 15:08
Jajajajajaja!!!! Hay que tapar los huecos como en las carreras de la f1 y de moto gp Guiño es un deporte de riesgo el conducir Muchas risas