lunes, 24 de agosto de 2009
El frigorífico de vuestras casas puede estar parcialmente vacío por dos motivos. Uno, porque se llena poco y el otro porque se vacía mucho. En cualquier caso, el resultado de las dos razones nos conduce al mismo resultado: un aparato que nos supera en altura, muy  frío y vacío. Sólo en los veranos que hace mucho calor, ya que la piscina queda muy lejos de mi lugar de residencia, aprovecho dicho vacío para meter la cabeza y refrescarme.

Primero coloco un cd en el reproductor de alta felicidad (preferiblemente, el cd será de Six Feet Under y nunca de Righeira) y a continuación me despeloto. Al ritmo de la música, practico unos sencillos estiramientos de espalda, empezando por la parte superior o cervical y descendiendo hasta las lumbares, ya que la postura con la cabeza ladeada de forma tan inusual castiga la espina dorsal.

Introduzco la cabeza en el estante más apropiado a mi altura, que hoy y después de resituar el eterno lote de flanes y cervezas, estaba ocupado por dos butifarras, blanca una y negra la otra. Por misterios aún por desentrañar, la negra siempre es de mayores dimensiones que la blanca y quedaban a tres centímetros del ojo derecho. La agradable sensación de frescor en la coronilla mezclada con la vista en macro de las butifarras, ofrecía al cuadro un aspecto bizco-estrábico sólo disfrutable en la más estricta y gélida intimidad.

Si los grados de calor están por encima de treinta y nueve, complemento mi sometimiento de cabeza con el refrigeramiento de pinrreles en el cajón bajo del combi. Por razones de anatomía, necesito un cajón para cada pie, pero eso es a gusto particular y dependerá siempre de la sensibilidad térmica del individuo, así como de su capacidad de aguante ante las altas temperaturas.

Un detalle básico e importantísimo: meterse en la boca la tarjeta sanitaria como si fueras un cajero, siempre antes de introducir la cabeza en la nevera, ya que es fácil distraerse, quedar aturdido o que se ralenticen las ideas. Corres el riesgo de permanecer refrescándote más tiempo del recomendado, entrando paulatinamente en un estado de precongelación que impida el funcionamiento normal de cualquier órgano destinado, por ejemplo, a marcar el número de urgencias. Si es demasiado tarde, la salvación doméstica a este tipo de peligros estriba en meter durante cinco segundos en el microondas la parte afectada.

La práctica de tan innovador método no es recomendable con otros órganos del cuerpo siempre y cuando el usuario sea del sexo masculino, ya que por el increíble efecto reductor del frío, además de las posibles congelaciones, la depresión y enajenación mental serían inevitables.

Las vacaciones bien, gracias.

Tags: Calor, verano, refrescarse, altas temperaturas.

Publicado por antidogmas @ 1:46
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Comentarios
Publicado por Explo
lunes, 24 de agosto de 2009 | 9:25
Yo creo que mejor opción es ir a un supermercado y despelotarse entre los congeladores de los yogures... Muchas risas Mas que nada porque la posturita... se las trae, calor no pasarás pero luego tienes que pasar por el fisio para que te enderece.