lunes, 31 de agosto de 2009
Llegué a casa de Raúl una soleada y veraniega tarde sobre las dos y media más o menos. Ya sabéis, mi amigo millonario algo imbécil, pero amigo al fin y al cabo, supongo que por aquello de que lo conozco casi más que a mí mismo y aprendí a dar mis primeros pasos con él; lo demás viene todo rodado. Cada verano desde hace unos ocho aproximadamente, que me insta a que pase en su chalé unos cuatro o cinco días, y ocho son los veranos hasta el día de hoy que no fallo a la cita. Además, Doménica descansa unos días de mí y yo puedo hacer la cabra sin temor a avergonzarla.

El chalé está ubicado en una urbanización donde habitan personas de altísimo poder adquisitivo. Siempre que llego, no puedo evitar el contemplar todas esas majestuosas viviendas de madera y piedras, de columnas y tejados imponentes; así como lustrosos vehículos de gama alta que apenas transitan por calles absolutamente tranquilas. Admiro todo aquello unos instantes, y sabiendo que nunca podré poseer algo así, llego a casa de Raúl y pulso el timbre.

Abre la puerta y me lo encuentro en bañador y con un martini en cada mano. "Bienvenido, pollaboba, este es para ti. He preparado un aperitivo. Te espero en la piscina" y me ofrece el martini que sostiene con la izquierda al tiempo que entro. Doy un trago y martini en ristre me encamino a mi habitación de siempre. Dejo caer el equipaje en la cama, otro sorbo y como siempre el televisor de plasma está encendido, así que como siempre lo apago. Me pongo el bañador, y martini en ristre cada vez más vacío, me voy a la piscina.

Al bajar las escaleras y a punto de atravesar el comedor, Raúl me exclama que compró lo último de Municipal Waste y que lo meta en el reproductor. "Es bueno bueno de verdad", dice, así que lo pongo y no se equivoca. Suena de maravilla y como todos los anteriores trabajos de la banda de Richmond, éste tampoco defrauda.

Y una vez, los dos en el borde de la piscina que queda en la parte trasera del chalé, tumbados al sol como dos lagartijas con gafas de sol empuñando un martini, vuelven a recaer las mismas preguntas con el mismo y nunca fingido interés: cómo está Doménica, cómo estoy yo, y cómo están mis padres. Pues de momento estamos de puta madre y que dure, claro. Yo sólo le pregunto por él, por su hermano y sus padres; por su mujer no puesto que está separado y a ambos ella nos importa un cojón.

Y finalmente, con algún martini demás, terminamos hablando de lo que hablan los viejos amigos, aquellos de toda la vida. De las mujeres que siempre quisimos follarnos y no pudimos, de aquel profesor de matemáticas tan cabrón, de guitarras eléctricas, de cine, de putas, de literatura buena y de mujeres otra vez. Y sin darnos cuenta, acabamos hablando siempre de la misma mujer: la superabuela.

En el chalé contiguo al de Raúl vive un hombre de unos cincuenta y cinco años que siempre nos saluda y es todo un deje de educación y cordialidad. Este hombre agradable está casado con la mujer que bautizamos como la superabuela. Desde luego, la madre naturaleza o los genes derrocharon senda generosidad con esta mujer, aunque es evidente que también se ha cuidado mucho. Incluso puede que hiciera alguna que otra visita al cirujano plástico de turno que hace milagros. En cualquier caso, la superabuela es súper por su tremendo atractivo insultante. Y lo de abuela porque sobrepasa en dos años la edad del marido.

Muchas veces hemos fantaseado con la superabuela. Cómo sería darle por el culo o cómo la chuparía. Si es de las que gritan mucho cuando follan, o es de las que prefieren un polvo con amor. O a saber, igual ha hecho cosas en la cama que nos harían estremecer de espanto y horror. Montones de veces me he imaginado con ella dando vueltas de campana entre sus sábanas, bebiendo de ella y empapándome en sus humedades como en un sueño, pero no hay nada perfecto. La perfección no existe y la superabuela nunca nos saluda.

Pasa por nuestro lado y ni siquiera nos regala una mirada; tan sólo un porte que irradia altivez y un hiriente desprecio. No acabamos de entender cómo el hombre educado y cordial vive con una persona arisca y antipática. A menudo, la vemos increpar al hombre y hablarle en un tono ofensivo, resaltando sin decoro, alguna de sus posibles carencias. Desde luego, cada matrimonio es un mundo, y desde fuera uno sabe menos que nada, pero en toda relación, siempre hay una parte que ofrece más que la otra, o menos. La igualdad no existe y es una quimera, y a todas luces, el hombre cordial, creemos que ofrece mucho más de su parte para aguantar a semejante tipeja, por divina que esté.

Así que le pregunto a Raúl si la superabuela todavía sigue estando tan imponente y follable como de costumbre, y no me acaba de decir sí, que nos sobresalta el timbre. El tiempo ha transcurrido en un parpadeo y se ha comido las horas sin darnos cuenta. El cd de Municipal Waste hace horas que dejó de sonar quedando la casa repleta de un gran silencio, y nos levantamos los dos bastante ebrios hacia la entrada.

Yo me quedo detrás de Raúl y éste abre la puerta. Y ahí delante nos encontramos al hombre educado y cordial. Es un hombre calvo, moreno y de unos rasgos agradables. Ante nosotros estaba vestido con una camiseta y pantalón corto calzando sandalias. Junta las manos y entrelazando los dedos como si fuera a proponer un negocio o una idea importante, en una perfecta dicción, dice:

-Perdone que le moleste, vecino. ¿Podría dejarme la pala que tiene para arreglar el jardín? Es para enterrar a mi mujer. Se volvió loca, tuve que defenderme y le pegué demasiado fuerte.

Recuperemos la sobriedad como si fuera un mazazo, y el hombre agradable, acto seguido, ladeó ligeramente la cabeza y sonrió como si fuera el mismísimo gato Chesire.

Tags: Veranos, vacaciones, piscina, superabuela, hombre cordial.

Publicado por antidogmas @ 0:47
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por solamenteAnna
jueves, 03 de septiembre de 2009 | 11:04
Si te hubieses llevado a Domenica fijo que sabría que hacer...
En fin... q un mal día lo tiene cualquiera.
Besos.
Publicado por antidogmas
viernes, 04 de septiembre de 2009 | 12:49
Pues mira que cuando se lo conté me dijo que ella no sabría cómo habría reaccionado de estar en nuestro lugar. De todas formas, hay una segunda parte para el post, pero no es nada agradable y nunca la sacaré a la luz. De eso, en su día, ya se encargaron los informativos...

Por cierto, hola AnnaFumador