Un conocido me declaró en una ocasión que tener un blog es para subnormales profundos con un exasperante afán de protagonismo. De inmediato pensé que tales palabras carecen de la más nimia credibilidad cuando son regurgitadas por un enfermo obseso del Facebook. En todo caso, el transmisor de un mensaje necesita de la atención, por mínima que sea, del posible destinatario, ya sea casual o no, de dicho mensaje.
Así pues, una película y una obra de teatro necesitan ser visionadas, un chiste reído, una canción escuchada, y por supuesto, los libros y los blogs, leídos. Esto es indebatiblemente veraz y no admite fisuras. No obstante, el que escribe o desperdicia tiempo en un blog requiere de la implicación cómplice de los posibles lectores en los comentarios; o que los dígitos del contador de visitas se vayan moviendo entre artículo y artículo. De no ser así, todos y cada uno de nosotros mandaríamos nuestras respectivas bitácoras a tomar por el culo.
Por lo tanto, eso nos conduce a la inapelable certeza de que realmente deseamos sentirnos protagonistas en el mundo blog; lo de subnormal es condición indivisible e implícita de nuestra especie como individuos. Así que estallamos de dicha y una gran fanfarria sublima nuestras pollas y coños cuando observamos que el contador de visitas se mueve a ritmo ascendente y encontramos que incluso hay gente que comenta, por lo que todo deviene en una gran masturbación por parte del bloguero para finalizar en copiosa corrida.
Es por eso por lo que no me restó más que enmudecer adoptando rasgos pensativos cuando, indirectamente, me llamaron subnormal profundo con afán de protagonismo por escribir en un blog. Al cabo de unos instantes le repliqué que yo era eso y muchas más cosas. Que era un omnímodo cuando no tengo sueño y presto atención. Diletante de la escritura chorra y epígono humanista de alguien que sienta más inquietudes que yo. Paladín de sudokus, de palimpsestos antiguos y de los acrósticos en habla hispana.
Usufructuario de mi cerebro, del alcohol, del costo y del recuerdo de todas las zorronas con las que retocé en cuchitriles que apestaban a sudor. Práctico de pies a cabeza, multifuncional y militante de la ergonomía concienzuda y aplicada. Cabal como pocos y empático voluntarioso de obras cinematográficas infravaloradas por la industria. Delectable de la anatomía femenina y de sus entrepiernas húmedas. Atractriz de infieles y adúlteras que deseen sentir sus orificios llenos, repletos y colmados. Y el más gallardo si eyaculo con frecuencia.
También le dije que soy obstinado burlador y ejecutor del displicente. Voraz lector de textos enmarañados que se limpia la zurrapa del culo con prensa rosa. Tremendamente ladino, zascandil, mordaz, avispado y ocurrente. Ecuánime con aquello que desconozco. Refulgente entre los alelados votantes portadores de seseras adormecidas por aquellos que todo controlan.
Y cómo no, contra el aburrimiento de mi propia bitácora: criptógrafo aficionado de resoluta e inigualable perspicacia.
Como veis, este artículo se ha convertido en un panegírico de mi ego. O lo que es lo mismo: una oda al onanismo blog, a la masturbación descomedida. Una gran paja con gran corrida. Y lo chusco de todo esto es que somos profundamente subnormales y de todo lo escrito no habéis comprendido una mierda.
De nada.
Tags: Corrida, blog, escribir.