Aunque harto complicado, si tuviera que simplificar al máximo los impulsos que mueven nuestra existencia, desde que abandonamos el útero con el primer llanto hasta que nos convertimos en malolientes despojos para los gusanos, los englobaría entre los que me gustan, los que me disgustan y los que me causan indiferencia.
Si algo me agrada me hará reír y ser feliz: me sentiré a gusto; incluso me hará amar y querer, y en el mejor de los casos me correré. Y a ti no tiene porqué gustarte; y lo que a mí me atiborra de dicha quizás a ti te provoque tanto asco que comprenderás que toda la escoria acumulada en tus entrañas necesita ser vomitada.
Por el contrario, aquello que logre disgustarme me cabreará y ofuscará de ira. Odiaré y maldeciré, y si no tuviera escrúpulos y sí la conciencia en el culo como otros el cerebro, arrancaría algún corazón, descabezaría a alguien y me quedaría tan colmado como cuando soy feliz y me corro, pero en el bando de aquellos de los que nadie quiere saber una mierda. Y a ti puede que el pecho se te abra de la risa y las carcajadas se derramen a borbotones.
Cuando algo me produce indiferencia a menudo deviene en hastío y siento deseos imperiosos de explotar burbujas de embalaje o mascar chicle. Y esta personal simplificación de la vida no tiene porqué ser la de los demás, la del resto ni la tuya. Como tampoco las razones por las cuales crees que la vida merece ser vivida tienen que ser las mías. Porque mis razones no pasan por un bello poema recitado con voz de putero; ni por aquel libro que te hizo estremecer y lo consideras parte de tu alma; ni por aquella música excelsa que erizó tu vello; ni por aquel cuerpo que amaste como un secreto prohibido en multitud de masturbaciones adolescentes...
... Y podría continuar hasta provocarte el llanto de pura desesperación y desertizar tu lagrimal y dejarlo yermo, y ni siquiera habría arañado la inimaginable capa de razones que nos unen... que nos separan... que nos enfrentan. Porque digo y diré más y digo que todo lo creado por el hombre está sometido a juicio por él mismo aun sin pretenderlo, y nada de nada de nada escapa a una valoración ya sea objetiva, constructiva, positiva, negativa...
De no haber simplificado en exceso, podría haber elucubrado sobre aquellas cosas que hacemos aun disgustándonos, o de aquellas que nos gustaría realizar y tan sólo soñamos. Por lo que se refiere a las preferencias, ante la disyuntiva de tener que optar entre el menor de dos males con idéntico resultado, prefiero morir desgarrado por un felino noble y hermoso que pateado por un burro o devorado por un gorrino. De la misma manera abrazo la irreverencia y el rechazo del per se como atributo intrínseco e indiscutible de algo a ser un insoportable imbécil sin criterio.
Os quiero mucho.
Tags: Gusto, opinión, me gusta, no me gusta.